Temas no muy obvios en la tarea diaria

openquote2No puede ser que hoy, con mejores herramientas prefiramos suicidarnos, comernos unos a otros, agandallarnos, robarnos, engañarnos, como si el ser humano fuese enemigo de sí mismo. Dediquemos un momento a pensar qué actividad constructiva podemos tener queclosequote2 no sea: ver futbol, ver telenovelas, ir al café a chismear, a hablar mal de otros o ir al trabajo a “hacer como que trabajo”

Cuando se construye lo que sea, hay miles de detalles qué revisar diariamente. Discutirlos, planear, meditar, acordar. Por más que pensemos “¿cuánto me van a pagar por lo que estoy haciendo?”, siempre será poco el pago económico recibido, aunque nos paguen muy bien.

Cuando se construye infraestructura, de la que sea: educativa, carretera, filosófica, no es posible -ni es debido- pensar en materiales o ingredientes corrientes, baratos o “los que sean” para salir del paso. Menos todavía querer lucrar con eso.

Estamos hablando de la cimentación sobre la que sin exagerar, se construye un país. Obras de infraestructura (repito: de todo tipo) aquí, otras 20 km más allá y así hasta llegar a los límites del territorio, son al final la materia de la que estará hecha un país.

El dinero en materiales siempre será la parte mínima. Lo grueso de las obras, será el valor humano. La grandeza de las obras se deberá primordialmente al trabajo humano.

Cuando se ven las grandes obras de la ingeniería civil o el resultado cultural de educaciones cargadas de tradiciones, valores y buenos hábitos, nos percatamos de que el dinero ciertamente habrá sido bastante, pero sin el esfuerzo humano, aquello no hubiese sido posible.

Invernaderos, aulas, energía eólica y solar, turismo, alimentación y atracciones culturales, pueden tomar muchas formas. Más o menos valor. Ahí pueden estar las piedras, las aulas, las estructuras, los souvenirs, lo que sea. Bueno, mediocre o malo; la clave, no es cosa de dinero, sino de trabajo humano y ese trabajo implica:

  1. Primero un compromiso que no es gratuito, no hablo de un despistado u ocioso que está regalando su vida por nada, pues el que siembra cosecha y mucho.
  2. Después, el gran trabajo que se necesita para acordar los planes bajo los que el trabajo mismo ha de desarrollarse.

Esos últimos, los ACUERDOS, son los temas más difíciles y por eso digo en el título, que no son obvios.Estamos habituados a decir “planeación”, pero para quien nunca lo ha hecho en proyectos que duran 3 meses, 6 meses o 1 año, le suena como planear una cena o una fiesta y aún así, se olvidan las servilletas o la bebida favorita del invitado principal.

“Planear” (se dice comunmente), “está facilito” .

Pero precisamente por pensar así es que seguimos comprando de China y generando empleos EN China al costo de perderlos aquí.

Nos queremos sentir importantes por decir cosas como: “Yo te doy el dinero…y tú hazlo”. Bueno, hasta en el Futbol queremos delegar el triunfo: si ganó la selección “Ganamos” y si perdió “Perdieron”.

La falta de compromiso real, queremos sustituirlo por un pago, para entonces sentirnos que somos parte, o también por la palmada en el hombro que le damos al que está haciendo la cosa. Tal como la mosca parada en el cuerno del buey que decía orgullosa: “estamos arando”

El trabajo de transformación y de construcción de infraestructura, NECESITA DE NOSOTROS, no de las DELEGACIONES.

Si no vamos a ser parte en esa construcción, mejor ni ofrecer pago alguno, pues la principal aportación para dar, son valores humanos, no dinero:

  • (1) El cariño,
  • (2) el compromiso,
  • (3) el ejemplo,
  • (4) compartir las experiencias
  • y desde luego, (5) transmitir el conocimiento técnico y filosófico para formar nuevas personas.

Si habrá un pago, pues todo trabajo lleva un pago asociado; pero ese no es el más importante (repito, aún que pueda ser jugoso); el mejor pago será que las nuevas consciencias NO SEAN PRAGMATICAS, sino que entiendan que PARA COSECHAR, HAY QUE SEMBRAR y sembrar es principalmente tiempo dedicado a muchas tareas, incluso a discutir para llegar a acuerdos.

El tiempo gastado en presumir, en ostentar, en que me vean o vean mi auto o mis joyas u otras vanalidades, en serio que será un tiempo PERDIDO, porque quien tenga tantita cabeza, verá que eso no es algo para admirar. Quien no piense, pues tendrá sólo un mal ejemplo para no seguir pensando.

Si por el contrario, dedicamos tiempo a diseñar, probar, fallar, reparar, mejorar y entregar productos depurados derivados del esfuerzo, enseñaremos lo que es natural: Que crear y dar valor agregado cuesta. Y ese trabajo es lo que vale. No la pose que tomemos por no hacer nada o por mover el dedo.

La historia del automovil, del avión, de la construcción de edificios, hasta de hacer chimeneas, ladrillos, pinturas, electrónica, computadoras y todo lo que nos rodea, es la historia de la prueba y el error/éxito.

Sí se pueden tener cadenas largas de puros éxitos, no hay problema, todo lo que hay que hacer es dejar los errores en el laboratorio; es decir, cometerlos, pero en el laboratorio, para de ahi sacar a la luz, los éxitos. Eso es un laboratorio, para eso se inventó.

El tiempo en el laboratorio, sea en la casa, terreno, salón de clases, oficina, está lleno de posibilidades:

  • Si estamos en la vanguardia, es decir, si nosotros decidimos qué hacer, será la forma más maravillosa de dar valor agregado propio.
  • Si somos la maquiladora, la retaguardia, donde sólo hacemos lo que nos ordenan siguiendo el manual ya hecho por los “patrones” o los “dueños de la marca”, por la misma razón no estaremos dando gran valor agregado.

No es ningún secreto (para quién quiere verlo o quien lo ha vivido, seguido o presenciado), que hace años decidimos aplicar en México una política de desmantelamiento de la tecnología y el desarrollo propios.

Alguien dijo que éramos ricos y que podíamos comprar todo aún hecho en Japón o Alemania. Que sería mejor que pensaran los ingenieros y científicos de esos países, porque acá nosotros ya teníamos “billete” para pagar a aquellos.

La simple contemplación retrospectiva de eso que hicimos y que hemos venido haciendo ininterrumpidamente, da tristeza y seguramente el lector podrá percatarse de un suicidio cometido por México desde hace 30 años. México disparándose a sí mismo en el dedo, en la pierna, para algunos quizá en la cabeza. Quién piense o evalúe que se disparó en la cabeza, no podrá visualizar futuro alguno para México.

Pero quien perciba que México se disparó en una pierna solamente, ya podrá estar imaginando la “ruedita” sustituyendo la pierna perdida. Esa es la gente imaginativa, la creativa, la que necesitamos para salir adelante, no los que quieran seguir pensando que somos ricos porque hacemos una tranza con un funcionario o porque nos dieron un buen hueso.

La riqueza está en sembrar para cosechar. Nada más. Somos parte de un planeta vivo, no somos dioses. Comemos y tenemos vida biológica como todos los demás y si no prevemos, si no nos organizamos para hacer eso de sembrar y cosechar de manera conveniente, no estaremos a la altura de nuestra propia naturaleza, pues ya hace 6000 años sembrábamos y planeábamos según las crecidas de los ríos o las sequías. Escribíamos en cavernas o en corteza de árboles o pieles para planear cómo sobrevivir.

No puede ser que hoy, con mejores herramientas prefiramos suicidarnos, comernos unos a otros, agandallarnos, robarnos, engañarnos, como si el ser humano fuese enemigo de sí mismo.

Dediquemos un momento a pensar qué actividad constructiva puedo tener que no sea: ver futbol, ver telenovelas, ir al café a chismear o a hablar mal de otros, ir al trabajo a “hacer como que trabajo”.

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